Colegas, viajeros y amistades extranjeras me llaman a menudo la atención sobre el hecho de que, aunque estemos muy acostumbrados al calor en el sur de España, les sorprende que vistamos con prendas que parecen tan calurosas. El sol es un gran atractivo para visitar Andalucía… aunque la persona experimentada sabe bien que tiene que protegerse más que exponerse.

En la cultura del senderismo nacida en el norte de Europa —y particularmente en entornos de alta montaña como los Alpes—, el principal enemigo del montañero es la combinación del frío húmedo exterior con el sudor generado por el esfuerzo físico intenso, un riesgo que se magnifica con los cambios bruscos de altitud y meteorología.
El sistema de las capas para el senderismo
Para combatir este peligro (que puede derivar rápidamente en hipotermia), la respuesta clásica ha sido el sistema de capas, popularmente conocido como la «técnica de la cebolla».
- Capa interior o «Segunda piel»: Absorbe la humedad. Su objetivo es retener el sudor del cuerpo y, a ser posible, evacuarlo hacia fuera. Debe evitarse a toda costa el algodón, ya que retiene el agua, se enfría y acelera la pérdida de calor corporal.
- Capa intermedia: Facilita el aislamiento. Se busca una barrera térmica que permite retener el calor generado por el cuerpo, utilizando para ello prendas como forros polares o jerséis de lana gruesa.
- Capa exterior: Ofrece protección contra la intemperie. Hoy en día consiste en cortavientos con membranas técnicas y transpirables que impiden que el agua y el viento entren; idealmente sus poros microscópicos permiten que el vapor de agua se evacue.

Cada una de estas capas es objeto de un mercado especializado en ventas de materiales técnicos. Si vamos a realizar actividades de senderismo de un día de duración, es suficiente con entender el concepto y ajustarlo con ropa que ya tenemos en casa, sin necesidad de caer en el consumismo.
El sistema de capas es la base, pero vamos a adaptarlo a las condiciones del clima mediterráneo, sobre todo pensando en quien sale al campo, que dedica mucho más tiempo a la observación que a la caminata intensa. Las temperaturas estivales superan habitualmente los 40 °C a medio día aunque realmente la naturaleza misma nos indica el camino hacia la sombra porque muy pocas especies están activas bajo estos calores… por ejemplo, la libélula hebrada Orthetrum nitidinerve.

Sobran y se quedan en el armario…
- Los tejidos sintéticos derivados del petróleo tienen la ventaja de secarse rápido, pero el sol mediterráneo también hace este trabajo de maravilla y, si hay que elegir, solo hace falta una capa interior de repuesto. Lo peor de los tejidos sintéticos es su mal olor al muy poco tiempo por el sudor impregnado… y los odio. La pregunta real es quien quiere vestirse con bolsas de plástico.
- Chaquetas tipo Gore-Tex: No sirven de mucho por aquí… La lluvia suele ser escasa y apenas moja o, por el contrario, cae torrencial, y por seguridad, se hace necesario recogerse lo más rápido posible. Otra desventaja de peso es que son prendas muy caras y, sinceramente, no resulta prioritario gastarse el dinero en estas piezas que terminan enganchándose y rompiéndose por los roces con la vegetación. Un cortavientos fino y barato ocupa poco espacio y salva la mayoría de las situaciones. La gente campera sale no pocas veces con el paraguas cuando el tiempo es instable.
- Ropa interior sintética: Como ya hemos comprendido, la peor ropa con poliéster es la interior, y muy en especial los slips, bragas o calzoncillos. No hay que minusvalorar la incomodidad y las escoceduras de los roces provocados por la ropa sintética húmeda, especialmente después de varios días de expedición.
- Crema solar: No me gusta mucho la crema solar, generalmente utilizada en exceso. Mal empleada ensucia la piel, e incluso contiene componentes químicos (Oxibenzona, etc.) francamente perjudiciales para nuestro cuerpo y que dañan el medio ambiente, especialmente los medios acuáticos, ya de por sí tan maltrechos en el Mediterráneo. En mi opinión, aunque sean útiles, la crema solar no debería ser la principal protección contra el sol.
Las tres capas en el clima mediterráneo
Nuestro clima es suave y (algo) húmedo en invierno; caluroso y seco en verano. El punto importante es que España es un país de montañas donde nos encontraremos muchísimas veces con condiciones muy cambiantes. Por lo tanto, hay que estar listo tanto para el calor como para el frío, en función de la estación y de la altitud, a veces a lo largo del mismo día.
En realidad, vamos a alternar entre la ropa de senderismo tradicional para las situaciones de frío y la ropa más adecuada para el desierto, sobre todo cuando hacemos trabajo de campo en primavera y verano.

La protección básica en el Mediterráneo consiste en llevar mangas largas y exponer la piel lo mínimo posible al sol (sí, como hace la gente del desierto). Ahí es donde se produce el choque de civilizaciones porque, para resumir, los norteeuropeos vienen buscando sol y calor y acaban encontrándose con una insolación, algo que nos puede pasar a todos en mayor o menor medida y que no es ninguna broma. Efectivamente, el factor más grave no es más que la larga exposición al sol, y la solución no consiste en cambiar de camiseta todos los días, sino más bien en asegurarse de llevar mangas largas… pantalón y camisa de manga larga (¡Ozú, qué caló!).
Se respeta el principio de las tres capas incluso en el clima mediterráneo
Ahí es donde respetamos el principio de las tres capas: una camiseta interior que absorbe el sudor (y minimizar el empape de la segunda capa), una camisa que sirve como capa híbrida (intermedia y/o externa en función del momento, que para eso vamos de listos por la vida) y, en primavera y otoño, un cortavientos básico y muy ligero guardado en el fondo de la mochila. Finalmente, se completa con un chaquetón bueno que será más que útil durante salidas invernales, nocturnas y/o a la montaña.
La elección de la mochila es muy personal porque depende del equipo que llevemos, pero merece mucho la pena que sea impermeable y cumpla el criterio aislante de la tercera capa.

Mis ropas de campo favoritas
Camisas de todo tipo, siempre de manga larga
Sobre todo en invierno, utilizo camisas de cuadros, típicas de los señoritos andaluces y extremeños, acompañadas de la gorra plana que la gente de campo lleva en el Sur de España. Así me siento muy aclimatado, del terruño, como un hombre de alma serrana y elegante. Hay que decir que se pierden las gorras con gran facilidad porque ocupan poco sitio y se olvidan en cualquier bar… las que más prefiero son de cuero fino.
Cuando el calor aprieta, se aligera toda la vestimenta, pasando a camisas finas y ropa de viaje para climas desérticos y áridos. Esas prendas ligeras, de color claro para no absorber el calor, con aberturas anchas de ventilación, cuentan hoy en día con tratamiento anti-UV (UPF 40) y ofrecen una protección máxima contra los rayos del sol. Lo ideal es elegir una prenda grande cuyas mangas, bien largas, cubren incluso el dorso de la mano.

Ropa interior de lana merina
Desde hace varios años, la lana merino se ha consolidado como una referencia para las actividades outdoor y, posiblemente, como el tejido de mayor calidad. Se teje con máquinas que sacan una fibra finísima que resulta muy suave, por lo que prácticamente a nadie le pica el cuerpo. Las propiedades térmicas de la lana son óptimas y sus cualidades antibacterianas mitigan los malos olores. Aunque sean ropas bastante más caras sí merece la pena gastarse el dinero en camisetas y calcetines de lana merina. Últimamente estoy viendo incluso calzoncillos de este material, y seguramente sea una de mis próximas compras… Como anécdota, cabe comentar que prácticamente toda la lana merina procede hoy de Australia y Nueva Zelanda, cuando la raza es de origen español y sus ovejas van campeando todavía por todas las cunetas de ambas Castillas.

Gorra integral con faldón
En cuanto sale un sol quemador, se hace estrictamente necesario proteger la cabeza, las orejas, el cuello y la frente… Dejando la gorra plana tan típica y pasando a una gorra o sombrero integral, tipo “sahariana”, con un faldón trasero que protege tanto del sol como de la rozadura de las correas de los prismáticos y las cámaras. Cuando estamos bien cubiertos por la ropa, la necesidad de crema solar es mínima, localizándose solo en el dorso de las manos, la nariz y las mejillas.

Chaleco de pesca
Quien me conoce me habrá visto a menudo con un chaleco sin mangas y muchos bolsillos, típica de los fotógrafos. He descubierto que las más útiles y bonitas son las de pesca con mosca, aparte de que ya nadie lleva carretes de fotografía encima. Estos chalecos con ventilación en la espalda y bolsillos multifunción son lo más útil para llevar pequeños equipos al campo… aunque siempre hay que tener cuidado cuando nos agachamos. Más de una vez se me ha caído el teléfono o una batería externa al suelo (o al agua¡!). La solución pasa por bolsillo profundos con buen cierre y por usar anillas para colgar accesorios y mantener así las manos libres. Esta chaquetilla, aunque aún poco popular, remata a la perfección el estilo de gentleman-naturalista.
Pantalones largos
Se hacen totalmente necesarios. Jamás llevaré un pantalón corto entre la vegetación típicamente mediterránea, que es dura, leñosa y espinosa. Es mucho mejor optar por prendas que no vayan nada apretadas, de tejido holgado y corte cómodo, que faciliten la movilidad sin tirar de las costuras y que protegen contra los arañazos de las aliagas y los rozones del monte bajo. Los pantalones, si pueden tener fibra sintética, mejor: son ligeros, algo resistentes y de secado rápido. En el Mediterráneo, abundan los pedregales y los fotógrafos y observadores que hincan las rodillas en el suelo lo van a notar enseguida. Algunos recurren a rodilleras deportivas y otros, más ingeniosos, descosen el forro del pantalón técnico para añadir placas de de espuma de poliéster para mayor comodidad.

Apunte final sobre el calzado para el monte
Existe un gran debate en el mundo de los senderistas entre bota gruesa que (sobre)coge el tobillo y zapatilla fina que se seca fácil. De nuevo, vamos a ir a contracorriente, porque a las mujeres y hombres de campo nos interesa otro planteamiento… que pasa, sobre todo, por evitar la entrada de semillas de gramíneas («espiguitas») y de garrapatas dentro del calzado y calcetines. Realmente, ¿es necesario recalcar que los pantalones se llevan por encima de la bota, no dentro?
Personalmente, salvo que tenga que vadear un río, uso prácticamente siempre una bota de senderismo «intermedia»: que cubra el tobillo pero no pese en exceso. Prefiero un acabado tipo Nubuck con las mínimas costuras porque una bota lisa, sencilla de limpiar y bonita, se rompe menos y es más impermeable. También es importante elegir una suela más resistente, tipo Vibram, porque vamos a castigar la bota sobre un montón de piedras calizas, pizarras y pedregales sueltos. Cuando se gasta —porque se gasta, y es normal—, se puede sustituir la suela en el zapatero sin problema, normalmente una vez, alargando la vida de la bota unos cuantos años más.

Con todos estos criterios, y buscando una marca española (aunque hoy día, la producción ha sido deslocalizada en China), mi bota de siempre sigue siendo la Chiruca Xacobeo. Esta es la única marca que cito en este artículo; ha sido probada durante meses en terrenos húmedos agrícolas y ecosistemas naturales mediterráneos.





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