Llegamos a la Bretaña francesa, con su bandera blanca y negra, el verdor de la campiña rellenando el paisaje por completo y su mar de color esmeralda. Nos disponemos para una semana de observación de naturaleza, con las aves como hilo conductor, descubriendo al mismo tiempo monumentos de la región de Saint Malo e incontables detalles de la cultura local.

El objetivo del viaje persigue sobre todo descubrir la fauna litoral marina reproductora, que no encontramos en Andalucía, y la vegetación atlántica que contrasta con la nuestra mediterránea.

La Bretaña posee una gran cultura de jardines ornamentales… El nuestro no es excepción, y las aves son atraídas en gran abundancia, sonando con fuerzas por las mañanas, entre otros, acentor común (Prunella modularis), zorzal común (Turdus philomelos), chochín común (Troglodytes troglodytes), pito real europeo (Picus viridis), y más aves, pinzón común (Fringilla coelebs), mosquitero común (Phylloscopus collybita), etc. Todas aves comunes, regalándonos conciertos matutinos.
DÍA 1
La Rance: estuario y bosques

En el camino, llaman la atención los innombrables álamos blancos (Populus alba) cubiertos de muérdago blanco (Viscum album), un planta parasita localmente muy abundante.
Un primer paseo nos lleva a descubrir los paisajes bretones con una campiña repleta de lindes arbóreas – un ecosistema tradicional conocido como «bocage» – y el amplio estuario del río La Rance, que encontramos esta vez en marea alta y con una lamina de agua inmensa. Los taludes están cubiertos por abundantes pulmonarias (Pulmonaria officinalis), polinizadas por un elegante abejorro (Bombus spec.). Encontramos el helecho lengua cervina (Asplenium scolopendrium), muy común en la Bretaña, y observamos los llamativos frutos de olmos (Ulmus minor). Poca actividad ornitológica en La Rance esta mañana, con presencia de aves acuáticas habituales, destacando una gran densidad de tarros blancos (Tadorna tadorna), aquí y en el resto del viaje… Por nuestra decepción, las elegantes barnaclas carinegras (Branta bernicla) han desaparecido con la llegada de la primavera.
Paseamos por el bonito pueblo de Saint Suliac con su puerto fluvial e iglesia fortificada y acabamos la mañana con las vistas inmejorables sobre la ría desde el Mont Garo.




Aunque los árboles del bocage dominan el país, los verdaderos bosques escasean. Por la tarde, descubrimos la Forêt du Mesnil, un hayedo atlántico bien conservado. En puntos concretos, esta tapizado de flores azules, jacintos de los bosques (Hacinthoides non-scripta), acompañadas con Lamium galeabdolon (amarillas), Stellaria holostea y Anemone sylvestris (ambas blancas), Euphorbia amygdaloides (verdes) y con el más localizado sello de Salomón Polygonatum multiflorum. Las vistas del sotobosque resultan maravillosas. Visitamos enseguida la piedra de las hadas («roche aux fées«), un antiguo túmulo cuyas piedras están a la vista. Conseguimos bonitas vistas sobre el pico picapino (Dendrocopos major) y capta nuestra atención el lepidoptero Adela reaumurella con sus larguísimas antenas. Acabamos el día con la visita del pueblo de la infancia y sus monumentales esculturas de granito.
DÍA 2
El Monte Saint Michel

Nos encontramos en pleno pico de actividad de un monumento histórico con más de tres millones de visitantes al año. A pesar de ello, la visita se hace amena sin grandes problemas de masificación y sin reserva previa. Me gusta siempre recordar que la vocación primitiva del Mont Saint Michel es recibir visitantes en su peregrinaje, así que encontrarse con la multitud es parte íntegra del Monumento.
Nos decidimos por una aproximación al Mont caminando unos 40 minutos desde el aparcamiento para disfrutar de la inmensa bahía y del pueblo medieval culminando con la flecha y su arcángel dorado. El Mont se hace cada vez más imponente. Llegamos con la marea alta, con el agua cubriendo completamente los limos marinos («slick») y dejando solo a la vista los marismas arbustivos («herbus»). Disfrutamos las alondras (Alauda arvensis) en paradas nupciales y unos gaviones atlánticos (Larus marinus) imponentes. La visita de la Abadía nos lleva a otros tiempos y permite descubrir una arquitectura excepcional. Desde una distancia de casi tres kilómetros, observamos por fin tres foca moteada (Phoca vitulina) soleandosé en la arena.
Por la tarde, nos desplazamos hasta el Marais de Sougeal, un húmedal con prados húmedos, que no es menos que la llanura de expansión del Couesnon (el río que vemos aguas abajo al pie del Mont Saint Michel). Observamos un festival de aves acuáticas, destacando los cisnes vulgares (Cygnus olor) sobre sus gruesos nidos, un par de combatientes en plumaje nupcial (Calidris pugnax) y un gran banda de polluelos de focha común (Fulica atra). Detectamos una X20X especies, ánades rabudos (Anas acuta) y muchas más. Entre los córvidos ausentes en Andalucía, unos escasos grajos (Corvus frugilegus) acompañan las siempre abundantes cornejas negras (Corvus corone).
DÍA 3
Sept îles : las aves marinas

En la costa, la bisbita maritima (Anthus petrosus) en cortejo nupcial. Sin duda, es el ave más rara del viaje. Dos gaviones atlánticos comparten un pez rojo muerto y se defienden de una corneja insistente. Las plantas litorales destacan por sus adaptaciones.
El viaje comienza en barco desde Perros-Guirec, navegando por la Costa de Granito Rosa hasta la primera reserva natural declarada en Francia y uno de sus mayores santuarios ornitológicos. Durante el recorrido, se observan miles de aves marinas, destacando la impresionante colonia de más de 20.000 parejas de alcatraces atlánticos, que anidan en la isla Rouzic entre enero y octubre




En abril, los alcatraces atlánticos (Sula bassana) regresan a sus colonias de cría en acantilados y laderas costeras, donde comienza la intensa actividad reproductora. Los machos llegan primero, seleccionan y defienden agresivamente un lugar para el nido, que construyen con algas, ramitas y materiales traídos del mar. Las parejas, generalmente monógamas, consolidan su vínculo y continúan reforzando el nido. A finales de abril, muchas parejas ya han puesto su único huevo.
Cumplimos todas las expectativas con la observación de numerosas aves marinas reproductoras, menos el Frailecillo porque es todavía temprano en temporada. Seis ejemplares de foca gris (Halichoerus grypus) tumbada sobre rocas marinas se dejan observar. En la vuelta, nos topamos con la aleta de la marsopa común (Phocoena phocoena), un pequeño delfín discreto.
DÍA 4
Cap Fréhel

Hoy el día es muy inestable, con bastante ráfagas y chubascos… el auténtico tiempo bretón en definitiva. Conseguiremos escapar a medio día del agua refugiados en una «creperie». Ponemos rumbo al cabo marino por antonomasia… «Le cap»… El Cap Fréhel… Un macizo potente de areniscas duras y rojizas (por la presencia de oxido de hierro) con imponentes acantilados de 70 metros de altura. Rápidamente observamos nidos de cormoranes moñudos (Phalacrocorax aristotelis), fácilmente reconocibles por su penacho en la cabeza y de gaviotas argénteas (Larus argentatus). Nos asombra el tamaño de la colonia de arao común (Uria aalge) acompañados de alca común (Alca torda), cuyas poblaciones han crecido de forma espectacular. ¡Que maravilla! Cientos de araos están pescando en el mar e incontables individuos perchados en el acantilado. Otras especies menos abundantes: el fulmar boreal (Fulmarus glacialis) y las gaviotas tridáctilas (Rissa tridactyla) que podemos observar por doquier volando sobre el mar frente a sus puntos de nidificación. No falta el gavión atlántico (Larus marinus). El Cap Fréhel es sin duda un santuario clave para la biodiversidad atlántica y un destino imprescindible para la observación de aves marinas en Francia. Esta cubierto de matorrales bajo («landes»), principalmente Ulex major.




Por la tarde, exploramos la vecina Baie de la Fresnaie con dos especies de zarapito (Numenius spp). Pero la mayoría de las aves limicolas ya se encuentran en sus terrenos de cría más al norte.
DÍA 5
Dol de Bretagne

Nos espera un día tranquilo y cultural con la visita de Dol de Bretagne. Mercado tradicional en una pequeña ciudad medieval, con colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) reproductor entre las chimeneas, la imponente y austera catedral, el dolmen más alto de la Bretaña y luego del Mont Dol y sus vistas sobre la Bahía. Disfrutamos la gastronomía bretona con crêpes y sidra y nos citamos con el fotógrafo de naturaleza Pierrot Gautier. Dedicamos la tarde a la fotografía de una hembra de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) que cría en una casa habitada sin temor a sus huéspedes.
DÍA 6
Marismas negras y blancas

Mañana en el Bosque de Villecartier, un hayedo dominado por hayas (Fagus sylvatica) y acebos (Ilex aquifolium) —este último en floración—. El cielo cubierto ofrece un ambiente forestal suave y delicado. Las hayas despliegan sus primeras hojas, mientras el sotobosque alberga una avifauna diversa: pinzones (Fringilla coelebs), currucas capirotadas (Sylvia atricapilla) y mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita), zorzales comunes (Turdus philomelos), herrerillos (Cyanistes caeruleus), agateadores (Certhia brachydactyla), trepadores azules (Sitta europaea). En el paseo junto al «étang«, azulones (Anas platyrhynchos), somormujos lavancos (Podiceps cristatus) y un martín pescador (Alcedo atthis) dinamizan el entorno acuático. Entre los troncos destrozados, el canto del esquivo pico negro (Dryocopus martius) resuena sin avistamiento directo, mientras el pico mediano (Dendrocoptes medius), con su distintivo casquete rojo, se deja observar con mayor facilidad. Observamos posados en troncos numerosos insectos del género Sialis, perteneciendo al pequeño orden de los Megaloptera, cuyas larvas son acuáticas.




Pronto, nos dirigimos hasta el Marais de Dol, una zona agrícola sobre una antigua zona húmeda desecada y cubierta de lindes de álamos y sauces blancos (Salix alba), muchos ya con sus frutos algodonosos volando en el aire. Seguimos el canal de desagüe central… aguilucho lagunero (Circus aeruginosus), garcetas (Egretta garzetta). Un macho de curruca mosquitera (Sylvia borin) nos sorprende y canta con mucha energía.
Seguimos hasta la bahía del Mont Saint Michel, en el Vivier sur Mer, con la visita de los bancos de conchas, un ecosistemamuy singular fruto de la acumulación de conchas vacías de los moluscos, y donde crían los chorlitejos patinegros (Charadrius alexandrinus). Cantan cerca la bisbita común (Anthus pratense) y la alondra común (Alondra arvensis). El entorno de la Ermita de Sainte Anne tiene mucho ambiente de aves, con preciosas lavanderas boyeras (Motacilla flava) de la raza británica (flavissima), una collalba gris (Oenanthe oenanthe) en migración entre los herbus, y varias especies acuáticas en las lag unas como el zampullin chico (Tachybaptus ruficollis). Nos deleitamos con un carricerin cejudo (Acrocephalus schoenobaenus) muy cantarin y poco discreto. En los taludes del dique, crecen las Salvia verbenaca.
DÍA 7
Saint Malo – Cancale

Vuelta en la ciudad costera de Saint Malo, observando desde sus famosas murallas las aves del litoral como el ostrero euroasiático (Haematopus ostralegus), y los numerosos barcos. La Catedral Saint Vincent ofrece un tiempo de reflexión y mucha belleza.
Sigue la Pointe du Meinga, con sus terrenos arenosos, landes y orquídeas, Anacamptis morio y la siempre localizada Ophrys sphegodes. La arméria marítima (Armeria maritima), el sedo inglés (Sedum anglicum), la jasione de montaña (Jasione montana), la zanahoria silvestre (Daucus carota) y el ombligo de Venus (Umbilicus rupestris) destacan en la zona. En la punta prosperan el tojo europeo (Ulex europaeus), el endrino (Prunus spinosa), la rosa pimpinela (Rosa pimpinellifolia) y la helecho águila (Pteridium aquilinum). Hacia el este, las pendientes suaves albergan praderas de dáctilo (Dactylis glomerata), senecio jacobaea (Jacobaea vulgaris), cebada ratonera (Hordeum murinum), milenrama (Achillea millefolium) y malva (Malva spp.)




Disfrutamos de los paisajes desde la Pointe du Grouin. Cerca del mar, en la zona de salpicaduras, predominan líquenes negros como Verrucaria maura (costras negras adherentes a las rocas) y especies gelatinosas del género Collema (tonos negruzcos o verde oscuro), resistentes a la inmersión intermitente. En áreas más elevadas, pero aún expuestas, destacan líquenes amarillo-anaranjados: Xanthoria parietina (amarillo dorado intenso) y Caloplaca marina (naranja vibrante), que colonizan superficies iluminadas.
Finalizamos el viaje en el puerto de Cancale donde ya no faenan ningún barco de pesca (!). Una tropa abundante y sinvergüenza de Vuelvepiedras común (Arenaria interpres) se deja acercar en la marea alta sobre las mallas de producción de ostras. Un final glorioso sobre la Bahía del Mont Saint Michel.
Ponemos un punto final al viaje
Agradecemos la buena acogida por parte de los Bretones que nos han acogido como auténticos reyes.







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