La costa mediterránea de la provincia de Málaga goza de renombre internacional gracias a su clima excepcional, especialmente agradable en invierno sobre todo para los habitantes del norte de Europa. Es el buque insignia de la industria turística española de «sol y playa» y la ubicación del aeropuerto más grande del sur de España (> 19 millones de pasajeros al año).

La Costa del Sol es, de hecho, una gigantesca urbanización con 1,4 millones de habitantes que atrae a un tercio del turismo de Andalucía. La famosa ciudad de Marbella y algunas otras urbanizaciones de lujo discretas dan la bienvenida a la “Jet Set” de Madrid y a la élite adinerada europea.

Dicho esto, las playas son generalmente de poco interés para el viajero porque han sido salvajemente hormigonadas y urbanizadas. Citemos la excepción del Cerro Maro Gordo, en la frontera con la provincia de Granada, e iniciativas específicas para preservar una cierta naturalidad de playas como en Casares-Costa (Torre de la Sal) y la playa salvaje del Estuario del Guadalhorce. Para apreciar hermosas playas, nada mejor que una excursión a la costa gaditana… La Costa del Sol está francamente masificada y, a priori, no es muy atractiva si te gusta descubrir zonas auténticas y tranquilas.

En términos de naturaleza «la costa, no es una fiesta«… Pero merece la pena la observación de los simpáticos alcatraces en invierno cuando su actividad pesquera es un espectáculo cautivador, por ejemplo, en Punta Calaburra. También destacar la imprescindible visita al santuario del Estuario del Guadalhorce, donde realizar magníficas observaciones de aves.

No es sorprendente que un territorio tan transformado sea el escenario perfecto para la adaptación de especies exóticas invasoras. Podemos mencionar las floridas mimosas (Acacia saligna), las ruidosas cotorras argentinas (Myiopsitta monachus) o las sorprendentes mariposas monarcas (Danaus plexipplus), más localizadas pero fácilmente observables en el parque urbano La Paloma de Benalmádena.

Finalmente, cabe señalar que la costa está bordeada por sorprendentes montañas de más de 1 000 metros sobre el nivel del mar (Sierra Bermeja y muchas otras) que ofrecen hermosas excursiones con impresionantes vistas y que permiten comprender los ecosistemas mediterráneos. Estas montañas marcan la frontera con las zonas del interior: Serranía de Ronda, Sierra de Las Nieves y La Axarquía, lugares que ya fascinaron a los viajeros románticos del siglo XIX y a sus sucesores.