En las noches suaves del otoño e invierno andaluz, cuando el aire se carga con la humedad y el aroma a tierra mojada, los bosques de nuestras sierras despliegan un espectáculo silencioso. De entre la hojarasca, bajo troncos caídos y junto al murmullo de arroyuelos, emergen unas criaturas de leyenda y de colores inconfundibles: las salamandras. Este artículo te presenta a las subespecies, sorprendentes y hasta exóticas, presentes en Andalucía.

Posición de las salamandras en el árbol de la vida
Las salamandras pertenecen a la clase Amphibia, vertebrados conocidos por su «doble vida» (fases acuática y terrestre) y metamorfosis. Dentro de los anfibios modernos (Lissamphibia), se clasifican en el orden Caudata o Urodela, que incluye a unas 800 especies que conservan la cola en estado adulto y representan un linaje evolutivo antiguo y morfológicamente conservador. Los Urodela se subdivide en tres grandes linajes: las salamandras gigantes (Cryptobranchoidea), con tres especies, el grupo más antiguo, con fecundación externa ; las sirenas (Sirenoidea), con cuatro especies, de aspecto anguiliforme y totalmente acuáticas ; Salamandroidea: el grupo más numeroso y avanzado, con fecundación interna mediante espermatóforo, a diferencia de otros anfibios, y que contiene la inmensa mayoría de las especies, con siete familias, en mayoría distribuidas en América del Norte.

Una de ellas, la familia Salamandridae, «salamandras y tritones verdaderos», presenta una radiación en Europa y Asia y también está presente en el este de Norteamérica. Comprende aproximadamente 150 especies a nivel mundial, lo que representa cerca del 2% de la diversidad global de anfibios. Características Definitorias de la familia:
- Defensa Química: Poseen glándulas cutáneas que segregan toxinas (principalmente samandarina), utilizadas como defensa contra depredadores.
- Coloración Aposemática: Muchas especies exhiben vivos colores de advertencia (amarillo/rojo sobre negro) para señalar su toxicidad.
- Complejidad Comportamental: Presentan rituales de cortejo elaborados, a menudo terrestres, con «danzas» y abrazos nupciales (amplexus) característicos.

Tradicionalmente se dividen en dos subfamilias principales:
Pleurodelinae (Tritones Verdaderos): Incluye géneros como Triturus, Lissotriton, Pleurodeles (gallipatos) y Mesotriton. Son mayoritariamente acuáticos durante la fase reproductora, con cuerpos más hidrodinámicos, aletas caudales y, por lo general, reproducción ovípara y larvas acuáticas.
Salamandrinae (Salamandras Verdaderas): Además de las seis Salamandra spp. conocidas en en el mundo, la subfamilia integra géneros de distribución principalmente europea y regiones vecinas, de aspecto delgado y frágil, asociados a zonas de humedad pronunciada y de distribución principalmente reducida: el género próximo Lyciasalamandra comprende varias especies de salamandras de patas delgadas y endémicas de Turquía y Grecia ; Salamandrina con dos especies en Italia ; Chioglossa lusitanica en la península ibérica y finalmente Mertensiella caucasica en la región epónima.

Salamandra Común: un emblema de los bosques europeos
La Salamandra común (Salamandra salamandra) es el más emblemático representante de esos fascinantes anfibios que conservan una cola larga y cilíndrica en su etapa adulta. De aspecto alargado y robusto —puede alcanzar entre 15 y 30 centímetros—, se desplaza con un caminar pausado y ondulante, sin saltar como las ranas. Su aspecto recuerda en cierta manera al de una lagartija (fue originalmente descrita como Lacerta salamandra Linnaeus, 1758), pero su diseño es inconfundible: un fondo negro azabache sobre el que resaltan llamativas manchas de amarillo vivo o, a veces, anaranjado. Estos colores vibrantes no son decorativos; son una señal de alarma (coloración aposemática) que advierte a los depredadores de las potentes toxinas que secreta a través de su piel lisa y brillante.

Lo que la hace especial a nivel global es su estrategia reproductiva ovovivípara y su modo de vida eminentemente terrestre. A diferencia de la mayoría de los anfibios, cuya fecundación es externa y se produce en el agua, en la salamandra común la fecundación es interna (el macho deposita un espermatóforo que la hembra recoge). Pero, a diferencia de muchos otros urodelos que realizan el cortejo nupcial en el agua y depositan huevos fecundados en ella, las hembras de esta especie son fecundadas en tierra y retienen los huevos en su interior. Realizan una gestación interna y solo acuden al agua para parir larvas acuáticas ya desarrolladas en arroyos y fuentes.

En algunos casos, este proceso va aún más allá: el desarrollo larvario también ocurre por completo dentro de la hembra, que pare directamente crías metamorfoseadas (juveniles terrestres), eliminando por completo la fase larvaria acuática libre. Esta última estrategia es un viviparismo verdadero, una adaptación extrema que la distingue notablemente dentro de los anfibios. La viviparidad (o pueriparidad) en las salamandras del género Salamandra (como S. atra y S. lanzai) se ha asociado consistentemente con la escasez de cuerpos de agua superficiales en su hábitat, condición impulsada por una topografía escarpada y una geología kárstica. Esta asociación constituye el apoyo más claro y directo hasta la fecha para la hipótesis del ‘clima seco’ como motor principal de esta adaptación reproductiva extrema (Dinis et al., 2025).

La Salamandra común es la especie con la distribución más amplia del género. Ocupa los bosques húmedos de gran parte de Europa, desde Europa Central hasta la cuenca del Mediterráneo. Comparte el género con otras cinco especies de distribución más restringida y fragmentada, agrupadas en núcleos geográficos específicos: Salamandras mediterráneas: Salamandra algira (salamandra argelina, norte de África), Salamandra corsica (salamandra corsa, Córcega) y Salamandra infraimmaculata (salamandra del Próximo Oriente, oriente mediterráneo). Salamandras alpinas: Salamandra atra (salamandra alpina) y Salamandra lanzai (salamandra de Lanza), endémicas de los Alpes.

¿Qué hace tan especiales a las salamandras andaluzas?
La salamandra común es considerada la especie «generalista» del género, la única que logró una expansión geográfica amplia y continua por el continente europeo.
Sin embargo, su historia está marcada por las vicisitudes climáticas. Los sucesivos episodios de glaciación del Cuaternario afectaron profundamente a una especie con una capacidad de dispersión naturalmente baja. Estas barreras climáticas y geográficas fragmentaron sus poblaciones y aislaron a sus individuos, lo que actuó como un poderoso motor de diversificación.
El resultado de este proceso es un mapa de distribución desigual. En la mayor parte de Europa continental, esta fragmentación dio lugar a solo dos subespecies principales: Salamandra ssalamandra salamandra, la subespecie nominal o típica de Europa Centralcon manchas amarillas sobre negro; y Salamandra salamandra terrestris de Europa Occidental y presencia en Cataluña, con dos bandas amarillas gruesas longitudinales.

En contraste, en el refugio glacial y mosaico geográfico que representa la Península Ibérica, se produjo una auténtica radiación evolutiva. Aquí, la barrera pirenaica, el aislamiento y la adaptación a diferentes hábitats dieron forma a un espectacular mosaico de siete subespecies endémicas, cada una con sus rasgos distintivos, convirtiendo a este territorio en un hotspot de diversidad para el género. Andalucía es un crisol para la salamandra común, albergando cuatro subespecies, dos de ellas de presencia mayoritaria y otras dos en enclaves muy concretos. Cada una es una respuesta adaptativa a paisajes distintos.

La distribución de la salamandra común en la Península Ibérica es marcadamente irregular. Presenta un gradiente de abundancia y continuidad muy claro:
- Áreas de presencia continua y abundante: Se encuentra de forma continua y común en los sistemas montañosos húmedos del norte (Cordillera Cantábrica, Montes de León, Galicia) y del oeste (Sistema Central, gran parte de Portugal). Aquí, las condiciones de humedad y bosque son óptimas.
- Áreas de distribución relictual y fragmentada: Su presencia se vuelve discontinua, escasa y muy localizada en las sierras mediterráneas del este y sur peninsular (por ejemplo, Sistemas Béticos, Sierra Morena, Ibérico meridional). En estas zonas, su supervivencia está ligada a «islas» o refugios de humedad específicos: bosques de galería en barrancos profundos, cabeceras de arroyos permanentes en laderas umbrías y manantiales en sierras calizas.
Este patrón refleja directamente la historia climática de la Península y la baja capacidad de dispersión de la especie. Las poblaciones del sur y este son relictos de épocas más húmedas, que han quedado aisladas en los pocos hábitats favorables que persisten. Esta fragmentación es, precisamente, la que ha impulsado la evolución de las múltiples subespecies endémicas ibéricas, como S. s. bejarae, S. s. almanzoris, S. s. crespoi, S. s. gallaica, S. s. morenica y la emblemática S. s. longirostris de Andalucía.

Salamandra Penibética (Salamandra salamandra longirostris)
- S. s. longirostris forma una unidad evolutiva singular separada de otras salamandras ibéricas por la depresión del Guadalquivir (París et al. 1998) y presenta rasgos morfológicos y genéticos propios. Forma un clado con S. s. morenica y S. s. crepoi, razón por la cuál esta posicionada como subespecie (Burgon et al. 2021).
- Distribución: Endemismo estricto de las Sierras Béticas Occidentales (Romero et al. 2013), sin conexión con otras salamandras. Sus núcleos principales están en la Serranía de Ronda y Sierra de Grazalema (Cádiz-Málaga), con poblaciones aisladas y muy vulnerables en sierras de Málaga (Bermeja, Axarquía) y poblaciones extintas en el extremo oriental de Granada.

- Descripción y rasgos únicos. Se reconoce por su hocico alargado y puntiagudo y por sus manchas amarillas grandes, redondeadas y de contornos muy nítidos sobre un fondo negro intenso.
- Los patrones de mancha permiten distinguir los individuos y potencialmente crear un catalogo de ejemplares.

Salamandra de Sierra Morena (Salamandra salamandra morenica)
- Salamandra salamandra morenica (Altimiras, 1947) se distingue por manchas pequeñas e aisladas de color amarillo o rojizo sobre fondo negro parduzco, formando un patrón panterino moteado o con pequeñas máculas dispersas, especialmente intensas en glándulas parotídeas; el tono rojizo de las manchas se debe a la ausencia parcial de melanina (pigmento negro) en la epidermis y le confiere un aspecto realmente espectacular.
- Distribución: Ocupa las sierras orientales de Andalucía y las estribaciones de Sierra Morena. Tiene poblaciones en las sierras de Cazorla, Segura, Alcaraz (Jaén), Cardeña (Córdoba). En la zona de Huelva entra en contacto con la siguientes subespecies Salamandra s. crespoi y Salamandra s. gallaica.

Salamandra de Crespo (Salamandra salamandra crespoi) – Presencia testimonial en Andalucía
- Distribución: Es endémica del sur de Portugal (Algarve, Alentejo) y muy próxima a S. s. morenica (podrían pertenecer a la misma subespecie). Su presencia en Andalucía es excepcional y limitada a algunas localidades fronterizas en Huelva (Donnaire-Barroso et al. 2019).
Salamandra Gallega (Salamandra salamandra gallaica) – Presencia testimonial en Andalucía
- Descripción y rasgos únicos: Su patrón es muy característico, con manchas amarillas típicamente alargadas, formando líneas o bandas (a veces con tonos anaranjados o rojizos) sobre un fondo negro.
- Distribución: Su área principal es el noroeste peninsular. En Andalucía, su presencia se limita a poblaciones relicto o posiblemente híbridas en el extremo occidental de la provincia de Huelva (comarca del Andévalo, Sierra Pelada).

Un futuro bajo amenazas: la llamada a la conservación
La presencia de estas salamandras es un bioindicador irremplazable: nos señala la salud de ecosistemas acuáticos y bosques maduros. Su desaparición sería la alarma silenciosa de un colapso ambiental más amplio.
El Libro Rojo de los Anfibios de Andalucía cataloga a sus poblaciones como Vulnerables (VU), pero su declive es constante y sus amenazas, multifactoriales y sinérgicas.

- Pérdida y fragmentación de hábitat: Deforestación, agricultura intensiva y urbanización destruyen y aislan sus poblaciones.
- Desaparición de puntos de agua: La canalización de manantiales, el abandono de charcas ganaderas tradicionales y la sobreexplotación de acuíferos les roban el lugar esencial para reproducirse.
- Ahogamientos: Las hembras no saben nadar y se ahogan si no encuentran rampas de salidas en las albercas.
- Contaminación: Los pesticidas y nitratos de la agricultura envenenan las aguas donde viven sus larvas.
- Especies invasoras: El cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii) depreda sobre sus larvas.
- Enfermedades emergentes y virus Batrachochytrium salamandrivorans (Bsal, «devorador de salamandras») que provocan necrosis cutánea letal en 80% de individuos infectados en días.
- Cambio climático: La reducción de las precipitaciones y la mayor irregularidad de las lluvias amenazan con secar sus frágiles refugios acuáticos.

Cómo y cuándo observarlas (con ética y respeto)
Son animales de hábitos estrictamente nocturnos y crepusculares, lo que limita enormemente los encuentros casuales. Durante el día, se refugian bajo troncos, piedras o en galerías subterráneas para evitar la desecación. Además, su ciclo de vida es eminentemente terrestre. Los adultos no viven en el agua; solo las hembras acuden puntualmente a arroyos o charcas para parir sus larvas, tras lo cual abandonan inmediatamente el medio acuático. Este comportamiento, sumado a su actividad nocturna, significa que los adultos rara vez son vistos por el público general, lo que dificulta generar conciencia social sobre su estado crítico.
- Lugar: Zonas boscosas de Andalucía, Sierra Morena, Serranía de Ronda, Grazalema, Cazorla-Segura.
- Época: Desde otoño hasta finales de primavera. El verano es época de letargo.
- Hora del día: Noches.
- Condiciones meteorológicas: Noches húmedas y lluviosas. Húmedad (llovizna, >90%) y temperaturas suaves (>11ºC).
Si sientes la llamada de conocerlas en persona, la responsabilidad es máxima. Aquí unas pautas irrenunciables:
- NUNCA las manipules: La piel permeable de los anfibios es muy sensible, y sus toxinas pueden irritarte.
- No destrozas sus refugios por el afán de observar un adulto.
- No reveles localizaciones exactas (coordenadas GPS) en redes sociales para evitar presión sobre poblaciones sensibles.


Ficha Resumen
- Nombre científico: Salamandra salamandra longirostris (bética) / S. s. morenica (morena).
- Familia: Salamandridae (urodelos).
- Distribución en Andalucía: Sierras Béticas occidentales (bética) y zonas de Sierra Morena y Prebético (morena).
- Hábitat clave: Bosques húmedos bien conservados, con cursos de agua o charcas limpias permanentes o temporales.
- Estatus de conservación: Vulnerable (VU) en Andalucía.
- Mejor época de observación: Noches lluviosas o con alta humedad, de octubre a febrero.
Fotos propias (FP) menos la última larva (Roy Van Grunsven). Agradecemos a Philippe Geniez su gentileza en revisar el texto.




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