El Romanticismo es un movimiento cultural que floreció en el norte de Europa en la primera mitad del siglo XIX, cuyos valores estéticos y morales constituyen una réplica, a menudo una oposición, a las corrientes del Clasicismo y de la Ilustración que hicieron de la razón el objeto de triunfo sobre la fe y la creencia. Básicamente el romanticismo es una reacción de lo sensorial contra la razón y el materialismo.

Los románticos eran a menudo artistas que expresaban y exaltaban libremente sus sentimientos en la literatura, la pintura, la escultura o la música. El interés de los románticos por el misterio, la fantasía, los sueños, el exotismo y el pasado nunca ha flaqueado. Encontraron en la atracción por el Oriente de los Otomanos y el antiguo Egipto una fuente inagotable de inspiración.

Además, recordemos que esta época coincide con el apogeo del Imperio Británico y la reciente independencia de los Estados Unidos de América en pleno despegue económico, cuyos jóvenes graduados pertenecientes a las élites sociales tenían la costumbre de realizar largos viajes, para descubrir Europa, verdaderos pioneros del turismo moderno.

Del mismo modo, hubo presencia francesa después de las guerras napoleónicas, más concretamente viajes de exploración de los científicos francófonos Boissier (suizo) y Rambur, que revelaron en sus escritos las riquezas naturales del sur de España.

En este contexto, la exaltación por el descubrimiento de los monumentos grandiosos y en ruinas del Al-Ándalus, la proximidad del territorio británico de ultramar de Gibraltar, la belleza de las montañas y del campo, la atracción por las leyendas árabes y de forajidos, “bandoleros“, las costumbres de los gitanos, y por qué no decirlo, la seguridad de los viajeros de comprobar su pertenencia a una clase educada y rica, hacen de Andalucía un territorio ideal para recibir orientalistas y anglosajones. Los nombres de Sevilla, Córdoba, Ronda y muchos otros atrajeron la atención con fuerza y cautivaron a más y más viajeros.

La novela “Carmen” (1847) de Mérimée, cuya acción está inspirada, por la estancia del autor en la localidad de Gaucín (Valle del Genal), por los escritos de Hugo o Théophile Gautier, constituye una cumbre de la creación romántica andaluza.

Este amor por la bella Andalucía soñada, la delicia de participar en un “descubrimiento” épico de un mundo antiguo, la curiosidad por la gente local y la diferencia de clases, producirán un sinfín de clichés y lugares comunes … que serán los puntos de atracción a este lugar.

Como anecdota, la opereta “La Belle de Cadix” (1945) ofreció al público francés después de la Segunda Guerra Mundial, una opción de ocio que podían permitirse. Hoy un monumento a los viajeros románticos es de paso obligado en la ciudad de Ronda, donde también se puede visitar el museo de los Bandoleros.